Luchemos por la vida

Gustavo Mendoza Ávila

La despenalización del aborto y la eliminación de la objeción de conciencia, por parte de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), evidencia la sumisión de magistrados a la agenda de la ideología de género que desde Estados Unidos, la ONU y sus organismos, se pretende imponer a todo el mundo.

La SCJN está asumiendo funciones legislativas que no le corresponden. Se ha convertido en la tercera cámara de origen de iniciativas que las otras cámaras deben aprobar —sin modificación alguna— porque los magistrados ya dictaminaron.

Es una pena que el máximo tribunal del país se haya apostado ideológicamente; que a pesar de tantos años de haber recibido a científicos y médicos para conocer sobre el inicio de la vida (a partir de la relación sexual de una mujer y un hombre; que la vida inicia en el momento en que los códigos genéticos del óvulo y el esperma se unen, activándose el autoejecutable llamado vida; que este nuevo ser tiene identidad propia e irrepetible en la manera en la que se combinan sus genes, por lo que es diferente de sus progenitores; que la mujer le presta su laboratorio de vida para que ésta se desarrolle, siendo ambos diferentes, etc…); haya optado por crear el “derecho al infanticidio”.

Sería deseable que estas decisiones quedaran en manos de la comunidad científica: médicos, genetistas, filósofos, y no de grupos ideológicos y de dirigentes políticos que no ven personas, sino cifras e intereses; ya que el problema no está en la concepción, sino en las circunstancias en las que esta se genera. Lo más fácil y cómodo es matar a seres inocentes, en lugar de atender y resolver las causas y circunstancias de los embarazos.

Desde hace varias décadas los organismos financieros internacionales han condicionado a los países del tercer mundo la ayuda económica a cambio de políticas de control natal, entre ellas el aborto. En México, los gobiernos priístas fueron los primeros en obligar a todas las mujeres que dieran a luz en el IMSS a que se les aplicara la salpingoclasia, después del parto.

Pero si hay que señalar a los responsables de aplicar el infanticidio como política social, es a la izquierda que ha gobernado la Ciudad de México a lo largo de los 24 años. En este periodo ha promovido una “lucha cultural” para pervertir el sentido de las libertades y los derechos de la mujer; y en especial para lograr el desprecio a la vida. Durante este tiempo ha engañado —especialmente a la juventud— proponiendo una libertad sexual hedonista, sin límites, respetos, cuidados o responsabilidades; les ofreció el condón y los anticonceptivos como garantía y, ante el rotundo fracaso de su estrategia —que ha generado que cada vez más niñas queden embarazadas (tanto por abusos como por el deseo de explorar su sexualidad)—, ha escalado como único “remedio” el aborto.

Los ciudadanos que no estamos conformes con el manejo ideológico del tema, saldremos a la calle este domingo –en 47 mega marchas— para exigir a la SCJN, a los diputados y senadores, su compromiso, creatividad e iniciativa para dar soluciones de fondo al problema de tantas mujeres y hombres.

Quienes creemos en la vida y estamos dispuestos a apoyar medidas legales, económicas, educativas, asistenciales y promocionales a favor de la madre y de su bebé, consideramos que el infanticidio no soluciona nada ni nos hace mejores, y sí nos convierte en una sociedad decadente y ruin.

Vale la pena luchar por la vida todos los días, y también este domingo. 

Periodista y maestro en seguridad nacional

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