Satanizados por la anterior administración federal, los vapeadores, para sus usuarios y para quienes los comercian, son una alternativa para las personas que desean dejar de fumar sin las dificultades que representa la abstinencia.

Héctor García, diseñador gráfico de profesión y de 32 años de edad, acostumbraba vapear. Hace un año lo dejó después de cuatro años con este hábito, que comenzó como un esfuerzo para dejar de fumar.

“Lo primero que hice fue que un primo que vapea hasta la fecha, me comentó sobre los vapeadores, que él fumaba una o dos cajetillas de cigarros y bajó a únicamente vapear. Yo tenía mis reservas sobre si funcionaban o no. Empecé a investigar, a informarme de los equipos, todo eso, y la seguridad de los líquidos y del vapeo, y entonces fue que me decidí a cambiar el cigarro por el vapeo, que al final fumaba tres, cuatro cigarros máximo al día”, narra.

Héctor lleva un vapeador. Cerca hay una patrulla. No saca el aparato. Dice, en tono de broma, que no lo vayan a multar por sacar en público el vapeador.

Reconoce que no era fumador empedernido, aunque era consciente de que el hábito hacía daño a su salud, buscando la alternativa del vapeo. Admite que los vapeadores sí ayudan a dejar de fumar, pues es un método de reemplazo, siendo la idea principal disminuir la nicotina que se disminuye a diario.

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“Lo normal son tres miligramos de nicotina. Después lo bajas a dos, luego a uno, y luego únicamente te quedas con el sabor del líquido. La experiencia que ayuda mucho al momento de vapear es que, a comparación de chicles de nicotina o parches de nicotina, tienes esta mímica de estar como si estuvieras fumando, que en este caso no estás fumando, estás tomando vapor de agua”, subraya.

Comenta que vapear sí ayuda a mantener la ansiedad por nicotina bajo control, y al final no se daña la salud de las personas que están alrededor, pues sólo es vapor de agua que, según Héctor, no es tóxico.

“Los estudios, hasta el momento en que yo había investigado, comentaban que el vapeo, al final hace daño, pero reduce hasta un 98% los daños a la salud. La cantidad de nicotina que está entrando en tu cuerpo es muchísimo menos que con un cigarro. Tienes más control. Al final son líquidos grado alimenticio, hay que saber bien a dónde comprarlos, qué marca comprar. México tiene marcas (de líquidos) que han sido premiadas a nivel internacional”, precisa.

Sobre la prohibición de los vapeadores, considera que las opiniones en contra están infundadas, pues más que prohibir deberían regular la venta de los mismos.

“Si les generas un marco legal a las empresas que comercializan y producen los líquidos, promueves la calidad de los productos de vapeo. No es lo mismo comprar un líquido que lo hicieron con vitamina C o con un aceite, que esos sí son los que te generan daño, a comprar de una marca establecida que sabes cuáles son sus procesos de producción”, enfatiza.

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En Plaza de las Américas varios locales se dedicaban a la venta de vapeadores. Actualmente, sólo uno tiene ventas de estos productos, y no es su principal mercancía. Agrega que los vapeadores no son su mercancía “estrella”. Son algo alterno, por lo que su prohibición no afecta sus ingresos. Señala que en la plaza hay dos negocios que sí se dedican completamente a la venta de vapeadores.

Uno de los locales cambió de giro, aunque cuando una persona llega a preguntar por los vapeadores, la encargada pregunta “¿qué necesita?”, para luego negar que se sigan vendiendo vapeadores. “No, ya no vendemos vapeadores. Cambiamos. Ahora vendemos y arreglamos joyería”, dice.

Hay tiendas de vapeadores que operan a puerta cerrada. Los potenciales clientes deben tocar un timbre. Son observados desde el interior a través de un cristal. Cuando la puerta se abre la encargada pregunta a los clientes “¿qué buscan?”.

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Se piden informes de los vapeadores “para novatos”, para alguien que busca iniciarse en el vapeo. La dependiente explica a los compradores que tiene vapeadores sencillos, con un costo de 600 pesos, y otros más sofisticados de mil 200 pesos. Depende de las exigencias del cliente.

Los líquidos para vapear se venden en el mismo local. La encargada explica que las sales de nicotina son ideales para quienes tienen dependencia de esta sustancia, pero quieren dejar el cigarro y no padecer la carencia de la misma. Los líquidos cuestan desde 300 pesos.

La joven mujer destaca que los vapeadores sí pueden ayudar a las personas a dejar el cigarro de tabaco. Ella misma, dice, fumaba hasta hace unos años, y tras incursionar en el vapeo dejó ese hábito.

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