Hay obras que marcan a los gobernantes, pero también hay obras que se usan políticamente para golpear adversarios.

La memoria me recuerda que, en 2004, se dio una confrontación entre dos de los liderazgos más importantes que había en aquel entonces en el Partido Acción Nacional (PAN). Me refiero al gobernador en funciones de aquella época: Francisco Garrido Patrón (2003-2009) y el exgobernador Ignacio Loyola Vera, quien gobernó de 1997 a 2003.

Loyola construyó el CRIQ (Centro de Rehabilitación Integral de Querétaro), pero a la llegada de Garrido al gobierno estatal, lo tiró. Acusó que la obra tenía fallas estructurales, debido a una mala cimentación, realizada sobre un relleno de arcilla, cascajo, papel y telas. Dijo que el inmueble se había hundido en algunas zonas.

Garrido tiró el CRIQ, obra de su antecesor, pero capitalizó el hecho a su favor al construir un nuevo CRIQ.

La confrontación entre Loyola y Garrido por el CRIQ terminó siendo política y difundida ampliamente por la prensa de aquel entonces, aunque también se llevaron a cabo procesos administrativos en contra de funcionarios menores que participaron en la obra.

Loyola, en su administración, quedó marcado por la obra del CRIQ, la cual le tiró su sucesor: Garrido, quien tomó esto para desaparecer la influencia política que tenía el exgobernador en el panismo de Querétaro y quedarse de facto como jefe político de su partido, sin sombra alguna.

Hoy, a 21 años de ese hecho, podemos decir que la confrontación de Garrido y Loyola por el CRIQ terminó con una división muy profunda al interior del panismo queretano que lo llevó a perder la gubernatura en 2009 frente al PRI.

En la coyuntura actual, la obra de 5 de Febrero se ha convertido en el emblema del gobierno estatal de Mauricio Kuri, pero también en la herramienta de sus adversarios para llevar agua a su molino.

Morena, partido adversario del mandatario, ha sido crítico de la obra, aunque esa crítica no ha sido tan dura por todos los grupos de este partido.

El diputado federal Gilberto Herrera, a quien las encuestas y sus seguidores lo ven como aspirante a la gubernatura, es la cara más visible y de mayor peso político que critica la obra de 5 de Febrero.

Herrera, en lo personal, cumple su papel como opositor de poner en el ojo de la crítica la obra de 5 de Febrero, ahora habrá que esperar cuál es el resultado o rédito político que le dejará su posición.

Desde la oposición es rentable criticar y quemar en fuego al gobierno estatal que proviene de otro partido, pero la historia será quien ponga a cada quien en su lugar.

Esa historia nos dirá si era necesaria o no la obra de 5 de Febrero, pero también si se ejecutó bien o no. Eso lo responderán los queretanos, las cuentas públicas y las auditorías que se hagan al respecto. Hoy todo lo que se hable y descalifique del tema es parte de los rounds de sombra que da un aspirante a la gubernatura y un gobernador en funciones que quiere que su partido mantenga el poder.

La obra de 5 de Febrero es emblemática para el gobierno de Mauricio Kuri, tal como lo fue para Loyola la construcción del CRIQ y también del Aeropuerto de Querétaro, o el levantamiento del Teatro Metropolitano para Francisco Garrido, o el nuevo Hospital General para Francisco Domínguez.

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