Ser impredecible para provocar temor, incertidumbre, generar sorpresa. Esa es la estrategia de poder político conocida como “el hombre loco” o “mad man” en inglés.

La política es el gobierno de cualquier situación social. Desde la más pequeña, como una familia, hasta la de escala planetaria. Para gobernar, conducir, una situación social es necesario ejercer el poder.

El poder es la capacidad de un agente político, persona o institución, para dirigir la conducta de los demás. El poder se ejerce de varias formas. Unas más duras que otras. Entre las formas duras está la coerción o la amenaza de coerción.

Las formas más “amistosas” o suaves de poder se fundamentan en distintos niveles de persuasión.

La estrategia del “hombre loco” se encuadra en las formas de coerción. Construir un personaje impredecible, capaz de todo, busca generar temor.

Fue usada, por ejemplo, por el expresidente Richard Nixon, quien intentó hacer creer a los comunistas vietnamitas que era una persona iracunda, irascible, con un dedo pegado al temido botón rojo nuclear.

Hoy vemos su reedición pero en lugar de bomba atómica, el actual inquilino de la Casa Blanca amenaza con la imposición de estrambóticos aranceles, medidas fiscales que ciertamente pueden dañar las economías de terceros países pero también las propias.

Para parecer “mad man” y abonar a su carácter impredecible, es necesario a veces mostrar un rostro amable, hasta seductor.

Durante el más reciente mes hemos visto todas las facetas. Lo mismo elogió a la presidenta Sheinbaum, al sugerirle una campaña de publicidad contra la adicción al fentanilo.

Días más tarde, reanuda su retórica de imposición de aranceles.

El problema para Trump es que el truco lo ha hecho ya varias veces y se hizo predecible.

Sin embargo, el mayor antídoto para el ejercicio del poder a través del temor a un personaje desquiciado es perder el miedo.

¿Y si ante la próxima amenaza contestamos que no nos importa, que haga lo que quiera, que así no negociamos?

En ese escenario tendrá dos opciones: alzar la apuesta y mostrarse aún más loco, o desechar la estrategia, doblar las manos y negociar como político profesional. Hagan sus apuestas.

Consultor, académico y periodista

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