Hoy día resulta difícil explicar a las nuevas generaciones la manera como vivimos nuestra infancia, quienes pertenecemos a las generaciones como la de los baby boomers o la generación x, nacidos después de la Segunda Guerra Mundial. Fue especial, por la magnitud de cambios que atestiguamos con esa enorme capacidad de sorprendernos y que hoy se va diluyendo ante la velocidad del ritmo de vida en la actualidad. Nuestro acceso a pantallas se limitaba apenas al cine y a la televisión. En esta última, entre los programas disponibles, las series de dibujos animados tenían su especial atractivo y más aún cuando, a finales de la década de los sesenta, llegó la televisión a color, marcando con ello una enorme diferencia en lo que a entretenimiento se refería. Uno de los personajes más destacados, por su mala suerte, fue sin duda el coyote de la caricatura del correcaminos, ave del semidesierto que intentando ser atrapada, siempre lograba eludir las ingeniosas trampas que usaba este depredador utilizando un sinnúmero de productos de la marca ACME. Aprendimos a considerar que siempre fracasaba, pero en contraparte, ninguno como él para ser ejemplo de la virtud de la perseveran cia.
En la vida real, el coyote es un depredador con mucha más buena suerte que su representante animado, ello se debe tanto a su perseverancia, como a algunas de sus otras características, como lo es su extraordinario oído, su vista y ocasionalmente su trabajo en equipo cuando persigue presas de mayor tamaño. Es toda una experiencia observarlo cazar individualmente, sus orejas funcionan como las viejas antenas parabólicas dirigidas a las fuentes de sonido. Observa con cuidado para detectar su posible alimento y luego lanzarse saltando para intentar atraparlo, una y otra vez, hasta conseguir su objetivo. Aquí les comparto una imagen de un hermoso ejemplar que, oculto entre la maleza, apuntaba sus orejas y me permitió registrarlo en una fotografía, con su mirada atenta en algo que solo él seguramente identificaba.
Después de conocer un poco más sobre esta especie, es muy interesante comprender para nosotros que el desarrollo de la observación, la paciencia y la perseverancia son herramientas cada vez más necesarias en este tiempo que vivimos entre la maleza de la desinformación, donde ante el gran ruido de la sinrazón, las oportunidades parecen pasar más silenciosas, en el mundo y en este Querétaro nuevo que deseamos conservar.