“Debe exigirse de cada uno lo que cada uno puede dar —prosiguió el rey—. La autoridad se fundamenta en primer lugar en la razón. Si ordenas a tu pueblo que se tire al mar, hará la revolución”, decía el rey del primer planeta que visitó El Principito en su camino a la tierra.
La ley electoral que fija tiempos precampañas es letra muerta porque no es razonable. No se ajusta a la realidad. Y no es de ahora.
No solo se ha emprendido el “corcholatour” con los aspirantes a coordinar la “Defensa de la Transformación”; la oposición organizó su propia pasarela para dar exposición a quienes serán los encargados de construir el “Frente Amplio por México”.
En términos de nomenclatura, ninguno de dichos procesos se refiere a las precampañas, un proceso interno de los partidos y coaliciones para designar candidatos, pero en la práctica todo mundo sabe que de eso se trata.
Habrá quien diga que se está haciendo fraude a la ley, lo cual es tan cierto como que la ley es poco razonable y que, al menos desde 1997, no se ha cumplido.
Construir una candidatura no se hace en 40 o 60 días, tiempo dispuesto en el artículo 226 de la Ley General de Instituciones y Procedimientos Electorales para una precampaña.
La construcción de una candidatura lleva tiempo y dinero… mucho de ambos. La ley prevé una disposición que es poco razonable cumplir.
Vicente Fox anunció su candidatura justo tras las elecciones intermedias de 1997. Enrique Peña Nieto, con sus spots como gobernador del Estado de México disfrazados de noticia, lo hizo varios años antes del 2012. López Obrador no dejó de construir su candidatura desde el año 2000.
Si se toma en cuenta que todos los días, con cada acción, los políticos buscan incidir en el ánimo de la población y construirse una imagen positiva, se puede decir que los políticos están en precampaña permanente.
El poder no se conquista de una vez y para siempre. Tampoco sucede así con la persuasión. En política las fronteras no están dadas, son trincheras que se mueven cada día, con cada coyuntura. Por eso hay vuelcos en las preferencias, es parte de la naturaleza de la actividad política.
Una de las misiones de la próxima legislatura debería ser ajustar la norma para terminar con una simulación de décadas.
La evidencia empírica demuestra que las precampañas son un dispositivo solo de papel.
Consultor, académico y periodista