Estaba con un grupo de compañeros instalándonos en un hotel de la capital del país, para al día siguiente iniciar un curso sobre el entorno económico mundial. Era el 18 de octubre de 1978, cuando nos llamó la atención la interrupción de la programación de la televisión para el anuncio de la elección de un gran líder que impactó a toda una generación: era ni más ni menos Karol Josef Wojtyla y que asumiría el cargo de Papa en la Iglesia Católica, con el nombre de Juan Pablo II en sustitución de Juan Pablo I, quien apenas su pontificado había durado 33 días.
Se trataba del primer Papa no italiano después de 400 años, nacido en Wadowice, pequeña ciudad a 50 kms. de Cracovia, en Polonia. El más pequeño de los tres hijos de Karol Wojtyla y Emilia Kaczorowska. Su madre falleció en 1929. Su hermano mayor Edmund (médico) murió en 1932 y su padre (suboficial del ejército) en 1941. Su hermana Olga murió antes de que naciera él.
Cuando las fuerzas de ocupación nazi cerraron la Universidad, en 1939, el joven Karol tuvo que trabajar en una cantera y luego en una fábrica química (Solvay), para ganarse la vida y evitar la deportación a Alemania, para que en 1942 una vez terminada la Segunda Guerra Mundial ingresara al seminario, ordenándose sacerdote en 1946 y obteniendo el grado de Doctor en Teología en 1948 y en 1958 recibió la ordenación episcopal nombrado por el Papa Pío XII.
El 13 de enero es nombrado Arzobispo de Cracovia y en 1967 Cardenal, ambos nombramientos por San Juan Pablo VI, participante activo en el Concilio Vaticano II principalmente en la elaboración de la constitución Gaudium et spes y tomó parte en las cinco asambleas del Sínodo de los Obispos anteriores a su pontificado.
El pontificado de San Juan Pablo II ha sido de los más largos con 27 años de duración y fue muy fructífero para quienes integramos la Iglesia Católica, pero también para el mundo, ya que gracias a su influencia con otros líderes mundiales, lograron cambiar la vida geopolítica de Europa y de manera destacada con la emisión de encíclicas, exhortaciones, discursos, de gran impacto en lo social y que hoy forman parte del gran acervo de la Doctrina Social Cristiana.
Realizó 104 viajes apostólicos fuera de Italia, de los cuales fueron cinco los que realizó a nuestro país, encontrándose con poco mas de 16 millones de personas.
Su segundo viaje lo realizó en mayo de 1990 para presidir la ceremonia de Beatificación de Juan Diego, Los Niños Mártires de Tlaxcala y el sacerdote José María y Yermo. Su tercer viaje lo realizo en 1993 y su principal evento fue en su encuentro con las etnias en Yucatán a prácticamente un año de los 500 Años del Descubrimiento de América.
En 1999 realizó su tercer viaje a México, firmando y entregando la Exhortación Apostólica postsinodal denominada Ecclesia in América, visitando la ciudad de México en donde se reunió con jóvenes, enfermos y el cuerpo diplomático, y su último viaje lo realizó en el año 2000 y ahora para canonizar a San Juan Diego Cuauhtlatoatzin y beatificación a los Mártires de Cajonos en la Basílica de Guadalupe.
Como Papa, San Juan Pablo II jugó un papel importantísimo en la geopolítica mundial y de manera significada en Europa, al contribuir en la caída del comunismo en Europa del Este, al apoyar como Papa los movimientos de resistencia de Polonia, Hungría y Checoslovaquia, pero también con gestiones diplomáticas que dieron como consecuencia la caída de Berlín para lograr la reunificación alemana y liberación de pueblos que estaban dentro de la denominada URSS (Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas).
El legado de San Juan Pablo II es inmenso y trasciende a los tiempos y sí me atrevería a expresar que dejó profunda huella en la generación a la que pertenezco y lo mejor que debemos hacer, es que ese legado que dejo en sus documentos que forman parte de la Doctrina Social de Iglesia, se concrete en los hechos en nuestro quehacer diario tanto en lo público como en lo privado. Hoy a 20 años de su partida.