Cuando pensamos en el embarazo, solemos enfocarnos en los tres trimestres que lo componen. Sin embargo, existe un periodo igualmente importante, aunque muchas veces ignorado: el periodo postparto, que recientemente se ha reconocido como el cuarto trimestre. Este término hace referencia a las primeras 12 semanas después del nacimiento de bebé, un tiempo de profunda transformación física, emocional y mental tanto para mamá como para el recién nacido.

Durante el cuarto trimestre, el cuerpo de la mujer continúa su proceso de recuperación tras el embarazo y el parto. El útero regresa a su tamaño original, las hormonas fluctúan intensamente y los diferentes órganos y sistemas regresan a su funcionamiento normal. Al mismo tiempo, mamá está aprendiendo a cuidar a su bebé, a interpretar sus necesidades y a establecer una nueva rutina familiar, todo esto mientras se adapta a su nuevo rol y responsabilidad. Para bebé, este periodo también es una etapa de adaptación. Fuera del útero, experimenta una transición importante: del entorno cálido y oscuro dentro de mamá, a un mundo lleno de luces, sonidos y estímulos. Necesita tiempo, contacto físico constante y un ambiente seguro para sentirse protegido y regulado.

En este contexto, el seguimiento médico en el cuarto trimestre es fundamental. No solo se trata de revisar que la recuperación física vaya bien, sino también de detectar alteraciones en el estado de ánimo o dificultades en el vínculo madre-bebé, problemas de lactancia, etc. Este acompañamiento es especialmente relevante en mujeres que tuvieron alguna complicación durante el embarazo o el parto, pero también en aquellas sin antecedentes, ya que cada posparto es único y puede presentar sus propios desafíos. Un mensaje clave para este periodo es el de la paciencia y la flexibilidad. No hay prisa por “volver a ser la de antes”. El cuerpo necesita tiempo para recuperarse, y eso incluye el peso, el estado físico, la energía y hasta la estabilidad emocional. Intentar ajustarse rápidamente a estándares irreales puede generar frustración, ansiedad y sentimientos de insuficiencia. Recordemos que cada mujer vive esta etapa de forma distinta, y todas merecen apoyo, comprensión y acompañamiento.

El cuarto trimestre es una etapa de adaptación, no solo del cuerpo, sino también de la mente, el corazón y la vida en general. Validarlo, hablar de él y normalizar sus retos es esencial para construir una maternidad más realista, más humana y, sobre todo, más compasiva.

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