Últimamente han surgido muchos términos para referirse enfermedades que sufren los viajeros frecuentes, y es que viajar es sin duda una experiencia emocionante, pero también puede generar estrés y desencadenar ciertos trastornos psicológicos. Algunas de las enfermedades o afecciones mentales más comunes en viajeros incluyen: el estrés y ansiedad que se manifiesta antes o durante la planificación, por miedo a lo desconocido o problemas logísticos, puede dar insomnio, tensión muscular, irritabilidad o pensamientos acelerados. También existe la homofobia o miedo irracional a viajar, especialmente en avión o a lugares desconocidos, generando ataques de pánico.

Ahora surgió el FOMO (Fear of Missing Out, o “miedo a perderse algo”), un fenómeno que se ha intensificado con el auge de las redes sociales. Se refiere a la ansiedad o presión que sienten algunas personas al ver que otros están explorando destinos exóticos, viviendo experiencias únicas o participando en actividades emocionantes mientras ellos no, en nuestras épocas, eso se llamaba “morir de envidia”. Según los psicólogos de los viajes, el FOMO puede manifestarse de varias maneras: tener impulsividad en la planificación: Tomar decisiones apresuradas solo para no quedarse atrás, sin considerar el presupuesto o la verdadera motivación. Dificultad para disfrutar del presente: Sentirse ansioso o insatisfecho incluso durante un viaje, porque hay otro destino o experiencia que parece más emocionante. Comparación constante con otros viajeros: Medir el éxito personal en función de la cantidad o calidad de los viajes que se publican en redes sociales. Ansiedad y frustración cuando no se puede viajar: Sentir que la vida está en pausa o es menos valiosa si no se está constantemente explorando nuevos lugares. Los expertos sugieren que una forma de combatirlo es disfrutando el presente sin compararse con los demás, viajar por placer personal en lugar de por presión social y recordar que no es necesario verlo todo para tener una experiencia significativa.

En estas épocas también se ha asomado el síndrome del viajero eterno, un fenómeno en el que una persona siente la necesidad compulsiva de viajar constantemente, a menudo como una forma de evasión emocional. Quienes lo experimentan pueden sentirse insatisfechos con la estabilidad, aburridos con la rutina y ansiosos por explorar nuevos lugares sin establecerse en uno solo. Y sí, si se preguntan la diferencia con el nómada digital, es que el viajero eterno no siempre es un nómada digital, ya que no todos logran equilibrar su vida laboral con los viajes. Algunos pueden terminar incluso en una situación de inestabilidad económica y emocional debido a la falta de planificación.

Queridos lectores, tomemos un respiro. Antes lo más común era el jetlag, el estrés o la diarrea del viajero, ahora lo más normal es la ansiedad o el miedo a perderse algo, envidiar y competir con otros viajeros a ver quién ha visitado más países, e incluso la depresión porque el destino no cumplió tus expectativas. Cómo cambian las épocas y las cosas, ¿verdad?

*Periodista y conductora

Premio Internacional de Periodismo Turístico 2022

Otorgado por la OMPT

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