Una vez desmantelado el proyecto capitalista denominado globalización neoliberal, se ha emprendido un reajuste para reconfigurar la economía-mundo, así como el sistema financiero mundial en crisis. Este proceso lo ha iniciado el imperialismo norteamericano a través de una ofensiva agresiva con una gran carga de violencia verbal y un sinfín de amenazas de expansión e intervención a otros países.

En ese contexto, se precisa recurrir a la categoría de la ciencia política acuñada por el profesor africano Achille Mbembe, a saber: necropolítica. En este sentido, según Mbembe la política se entiende como un trabajo de muerte, entonces pues, la soberanía se define como el derecho a matar siempre y cuando se cuente con dos elementos, el estado de excepción y el estado de sitio. A partir del pensamiento del filósofo francés Michel Foucault, el intelectual africano exhibe, como ejemplo, al Estado nazi, el cual sienta la vía hacia la consolidación del derecho a matar incorporando una variable más, el racismo.

De esa forma, la élite del poder de Estados Unidos entiende la soberanía desde un sentimiento nacionalista para recuperar a la “gran nación” que ya no es… en el tenor de la intentona es vital combatir al “enemigo” —migrantes pobres, terroristas, narcotraficantes, abusadores industriales y comerciantes del exterior, etc.— ya que se ha extralimitado en sacar provecho de ese país. En particular, la figura política de Donald Trump es el emblema de la crisis de liderazgos en el mundo de hoy, no es carismático, es decir, no cumple con una de las virtudes que requiere un líder a la altura de los tiempos, vale decir, carece del “don de gracia” (Max Weber). Sin embargo, su tarea es promover “la cultura de la muerte” en una primera fase llamada necroeconomía y cuyo espacio estratégico son los aranceles. La intención es purificar el mundo a propósito de individuos no útiles al presumible emergente modelo económico de EU. En consecuencia, México es puesto a prueba en este hostil escenario.

Ahora bien, a contrapelo del confuso liderazgo de Trump, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, goza de una popularidad del 82%, según la reciente encuesta de Enkoll. Este fenómeno es resultado de la empatía y diálogo entre la gobernante y los ciudadanos, por lo que disfruta de la legitimidad para enfrentar las calamidades del gobierno norteamericano y, desde luego, posee carisma a diferencia de otros líderes del mundo que bailan y se maquillan para persuadir a sus ciudadanos.

El momento que vive el mundo es una oportunidad estelar para construir nuevos liderazgos políticos en las diversas regiones de nuestro país con énfasis en Querétaro. El arquetipo de liderazgos del pasado se agotó. Si se consolida una innovadora producción de líderes, independientemente del partido de pertenencia, tendremos un país más equitativo y justo.

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