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El grupo de niños y adolescentes de la escuela scout Libre aprendiz termina el recorrido a ciegas por la Casa del Faldón. Cuando el guía Reynaldo Lugo Escobar, promotor de la cultura de la inclusión de la Secretaría de Cultura del estado de Querétaro, les pregunta qué sintieron las respuestas son diversas: miedo, ansiedad, preocupación. Los más grandes responden que fue una experiencia que los hace empáticos con las personas ciegas.
Por aproximadamente una hora, los asistentes a los recorridos a ciegas en la Casa del Faldón viven la experiencia, las condiciones de quienes carecen del sentido de la vista. Viven por unos minutos en oscuridad total.
El recorrido por la Casa del Faldón no es sencillo. Hay que subir y bajar escaleras. Reynaldo y el equipo que lo apoya, antes de comenzar el itinerario, explica a los participantes, tantos menores como adultos, que deben escuchar las indicaciones, no soltar a su compañero que va delante de ellos y que los guías de las filas en las que se forman para comenzar se rotarán, para que todos sean guías por unos momentos.
Les dan bastones para personas ciegas para que vayan sintiendo el piso frente a ellos y guíen a quienes vienen tras ellos. Algunas maestras también toman parte de la dinámica, mientras que otras más ayudan a cuidar a los chicos.
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Conocen que la Casa del Faldón fue construida por Fadrique de Cázarez, desterrado de la ciudad de Querétaro por una pelea con una autoridad y por la que fue condenado a vivir del otro lado del río.
Primero, el grupo llega a un patio donde hay un foro donde se presentan obras de teatro. Es la primera escala del recorrido. Ahí, dos niños de los más chicos deciden que no quieren seguir. Experimentan ansiedad y miedo. Las maestras los ayudan a superar el momento y siguen con el recorrido, pero ya sin los antifaces que les dieron a todos al inicio del recorrido para cubrir sus ojos.
El siguiente reto es bajar por unas escaleras y pasar por una pequeña puerta que lleva al Patio de los Bambúes, donde termina el recorrido y los participantes experimentan sentir el mundo con los sentidos del olfato y el gusto. Ahí, Reynaldo explica que él perdió la vista cuando era niño, luego de sufrir un accidente y recibir un golpe en la cabeza que lo dejó ciego. Los menores y los adultos escuchan con atención a Reynaldo que narra su experiencia.
Los menores también explican sus experiencias con el recorrido. Algunos aseguran que sintieron estrés por no ver. Otros, miedo por no saber si podían caerse. Pero todos coinciden en que esto les ayuda a sentir más empatía con las personas ciegas.
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Teresa Córdoba, directora de la escuela scout Libre aprendiz, explica que los invitaron para que los chicos tuvieran una experiencia inmersiva en la vida de una persona ciega. Son 35 personas, entre facilitadores y alumnos.
“Lo que percibí es que había curiosidad en los niños. Al no tener idea de lo que iba a pasar a continuación, al no poder ver, empezó en confusión. Luego empezaron a confiar. No sé cómo es vivir para ellos la experiencia”, indica.
La experiencia, señala, ayuda a los chicos a cambiar la forma en la que ven a las personas ciegas y cómo pueden ayudarles cuando los ven que quieren cruzar una calle y que caminan por una banqueta con obstáculos.
Por su parte, Reynaldo comenta que “cuando se crearon estas actividades se buscaba crear la empatía de la ciudadanía y crear esta conciencia con respecto a la discapacidad, lo que vive una persona con discapacidad visual, pero también queríamos ponerlo un poco más cultural, acercarlos más a la historia, que fuera más educativo este tipo de recorrido. Sí, la empatía, pero también darles la historia de Querétaro que es maravillosa y que tenemos que cuidar”, señala.
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Indica que para los recorridos en los diferentes recintos se lleva a cabo una logística. Se hace el entrenamiento de las personas que lo acompañarán, pues son espacios que no siempre frecuenta, por lo que tiene que memorizar las áreas y coordinar dónde se harán ciertos cambios y los peligros que puede haber en el trayecto. Los preparativos pueden tardar meses con el fin de realizar un recorrido de la mejor manera.
Reynaldo precisa que ha guiado a grupos por diferentes espacios, como la Casa de la Corregidora y el Convento de La Cruz, siendo este último espacio uno de los más complicados, pues el recorrido es complejo.
Asegura que los nervios durante los recorridos son más porque lleva a personas que tienen que estar seguras para que puedan vivir un recorrido a ciegas, pero que lo puedan hacer con tranquilidad.
Apunta que la gente cuando llega con una actitud un tanto renuente a vivir la actividad, pero luego, cuando terminan la experiencia de perder la visión, aunque sea por unos minutos, incluso algunos lloran y se sorprenden.
“La ciudadanía es la que vive la experiencia y creo que es positivo lo que viven, y motivan a que sigamos impulsando este tipo de recorridos, y ellos mismos lo dicen, pasan la voz y nos recomiendan. Yo creo que eso es lo que ha hecho que la Secretaría de Cultura haya conservado este programa”, subraya.